Sanar es recuperar la capacidad de comunicar

En mis 19 años como terapeuta he podido constatar que hay ciertas heridas emocionales que tienden a repetirse y que corresponde a problemas individuales y también de grupos más amplios. La mayoría de estas heridas se relaciona con familias que han desarrollado relaciones disfuncionales y lo que suele estar estancado en ellas es la imposibilidad de comunicarse entre sí.

Una vez llegó a mi consulta una familia con padre, madre y tres hijos que virtualmente habían eliminado la comunicación entre ellos. Fue la madre quien había tomado la iniciativa de contactarme y en la primera sesión constaté el sentimiento de desprecio que había entre ellos, y específicamente, la distancia entre los hijos y sus padres.

Lo primero que se hizo fue que cada uno tratara de evaluar su Estado Presente, porque en ese ejercicio de reconocimiento se produce la constatación y el impacto íntimo a nivel emocional. Se suele pensar que las heridas se generan ‘por’ algo, sin embargo, es ‘con’ alguien, por eso el propósito de tomar conciencia del Estado Presente es conectarse con las diferencias entre cada uno y, en el caso de esta familia, fue la confirmación de que llevaban más de seis meses sin dirigirse la palabra.

El ser humano tiene una capacidad inmensa para guardar emociones negativas que se deben descargar. Por eso mientras realizamos con este grupo el proceso de acompañamiento cada uno debió tomar decisiones. La más importante fue definir cómo quiere cada uno seguir viviendo y qué necesita para ser feliz. Así surgieron llamados imperativos de los hijos a sus padres: “que mi papá deje de tomar”, “que mi mamá deje de gritar”, y cuando un padre escucha esas expresiones de su hijo de 11 años se produce la liberación, muchas veces colectiva y en forma de llanto. Es un hermoso momento terapéutico que permite un cambio hacia una sensación de bienestar.

Volver a comunicar

Uno de los grandes secretos para ayudar a mejorar a grupos es invitarlos a tomar conciencia de ese Estado, que se sientan contentos y que validen lo que son y lo que tienen. El ejemplo de esta familia es muy similar a la manera en que se pueden trabajar las relaciones en las empresas. En uno y otro caso la base es la capacidad de comunicar.

¿Por qué carecemos de esa capacidad? Porque nacemos sin escritura ni lenguaje y mientras crecemos programamos según lo que asimilamos. La ausencia de la madre, del padre o experiencias de maltrato infantil quedan inscritos en nuestra historia y esa programación impide la comunicación. La generalización de estos bloqueos explica los altos noveles de consumo de alcohol, de drogas y de depresión en nuestra población, y también de obesidad y enfermedades en general. Para ello la terapia más efectiva es cambiar el lenguaje.

El cambio

La sanación se produce con ese cambio previo, porque al modificar el lenguaje modifica también la emoción que la produce y las neuronas alteran su sinapsis. Eso funciona para relaciones familiares, laborales y dolencias individuales, porque la cura de la herida emocional deriva en el cambio de conducta.

Dependiendo de la complejidad de cada situación la terapia puede tomar cuatro sesiones para casos simples, de una sesión semanal en casos más complejos y de hasta seis meses de terapia en situaciones crónicas o terminales.

Mirarse internamente es fundamental, porque todos tenemos heridas emocionales que explican porqué somos arrogantes, chistosos, tímidos o agresivos. Identificar eso y efectuar un proceso de acompañamiento permite sanar la herida y eliminar las conductas nocivas, reprogramar el estado deseado y acercarse a la verdadera felicidad.

Fabiola Escobar